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APLAUSOS : MOMENTO IMPORTANTE, MOMENTO CLAVE

MOMENTO IMPORTANTE, MOMENTO CLAVE


Aplausos
MOMENTO IMPORTANTE, MOMENTO CLAVE
Ferrera, Manzanares, Ureña, De Justo, Perera, Juli, Ponce, que no se rinde ni mucho menos se esconde, Urdiales, al que le sienta como a pocos los aires del norte, Cayetano, los jóvenes, tan necesarios ellos, agarrados con la fe del catecúmeno a la resistencia… esos y algunos más. El final de temporada está teniendo su aquel. Su mucho. Me está gustando. Nadie entrega sus armas. No es nada nuevo. Es momento (y ferias) más importante de lo que muchos quieren reconocer. La creencia tiene su argumento y su justificación. Para los que vienen con el viento de popa, porque hay que mantener la velocidad de crucero (a eso le llaman regularidad, que es palabra tan poco taurina como necesaria), digámosle pues mantener el ritmo o la puntualidad con el triunfo que casa mejor con lo artístico; para los que encallaron por el camino ¡hay que ver lo larga que se hace la travesía de la temporada!, para estos porque hay que reflotar la nave. Aunque sea en el descuento, que es término futbolero pero real. Dame un toro y reavivaré una leyenda. Los hay capaces de eso y más. Un toro, una leyenda. Morante es especialista. Recordaría además que siempre hubo toreros de finales de temporada que sacaron gran rédito a las grandes faenas e hicieron olvidar anteriores licencias. Otra vez Morante aunque no es el único. Era/es como dormirse y despertar a tiempo. A esas circunstancias se les podía denominar también distracciones, baches, rachas, incluso colgar toda la responsabilidad en la percha de la mala suerte, todo depende del grado de condescendencia que se quiera aplicar. Esas revalorizaciones finales tienen su lógica. Los triunfos de abril y mayo son como los amores de la Piquer. Apasionados, a veces inesperados, les llamamos entonces triunfos revelación, suelen ser fruto del trabajo invernal, te pilla con el cuerpo entero y la mente abierta -también a los aficionados que acuden ávidos de emociones y más sensibles- son éxitos que cuentan con la ayuda de los grandes escenarios, con el lujo de las grandes ferias e influye mucho la novedad de la temporada, pero como no los sigas cultivando, como no los repitas, como no los riegues puede hasta que se marchiten y entonces… acaban valiendo menos de lo que parecía. No es justo pero en este mundo de intereses cortoplacistas pasar, pasa. En ese caso entraríamos en aquella división primaria pero real de los toreros que ganan crédito en Madrid (vale Sevilla también) y lo pierden en provincias frente a los que hacen el camino contrario. De Bilbao para adelante es otro cantar. Comienzan a ser triunfos empujados por la desesperación o cuanto menos por la urgencia. Y de alguna manera parece que permanezcan más. Y no quiero con ello infravalorar los de abril y mayo ni siquiera los de marzo, quite usted… porque esos además de la dificultad propia de las grandes sedes, su rigor y su toro, lo que va delante va delante, solo quiero poner en valor estas últimas ferias. Me gustan, porque además de todo lo di cho ponen definitivamente a prueba a los toreros y a los aficionados, es un parteaguas entre los que tienen la capacidad de llegar frescos y solventes y los que se griparon por el camino. En estas últimas semanas de la temporada tienen otra cualidad, es como la resiembra. Dejas la tierra a punto para que florezca en primavera. Los hitos, las faenas del Bocho, las de Albacete, Salamanca, Logroño, Zaragoza y qué decir las del otoño madrileño que tantos males arregla bajo aquella ley popular de que la manta hay que buscarla donde la has perdido y allí mismo por mayo se pierden mantas, cabezas y bolsa, pesan y cuentan. Las tardes gloriosas de este tiempo se convierten en temas de invierno, en materia de tertulia, te aseguran el arranque de la temporada que viene o, dicho de otra manera, te llevan directamente a las ferias de abril y mayo para volver a comenzar. Naturalmente, si estás bien de principio, en marzo, abril y mayo, Valencia, Sevilla y Madrid, y además eres capaz de mantener el ritmo, no hay fórmula que lo mejore ni sistema que te frene ni discrepancia que no te engrandezca, en realidad es como tocar el cielo y sentarte a la derecha del Dios Tauro, con los Simón, Ramón, Pablo’s, Alberto’s… a la espera. Privilegio al alcance de muy pocos. Acabo por donde comencé. En esta recta final. Todo el mundo habla del faenón de Emilio de Justo en Albacete en un momento fundamental que le ha permitido romper una corriente de opinión que parecía extrañamente frenada en su reconocimiento, era como si alguna fuerza oculta le abonase a la dificultad, como si el esfuerzo y la autenticidad no acabase de tomar brillo, pero con esa actitud solo cabe el éxito como sucedió en la feria de los Llanos. Ferrera sigue en ese su mundo íntimo que le da frutos deslumbrantes en el ruedo. Su próxima cita de Madrid, seis toros y un único espada, no es fórmula que me atraiga especialmente por las desilusiones que genera, me tiene especialmente expectante sobre todo cuando recuerdo lo que hizo aquella otra tarde de agobiante calor de Badajoz con seis victorinos, de la que siempre diré que marcó su punto de inflexión artística, su autoencuentro definitivo. Ureña, por su parte, recita y recita sus creencias, al precio que sea, en las parroquias y en las catedrales… y todos compran su mensaje de pureza. Lo suyo es duro, nada fácil pero se adivina reconfortante. Perera impone la ley de su poder a diario. Castella ha sacado la cabeza en Nimes y Albacete, y ha reivindicado su escudo francés. Cayetano no se rinde y saca adelante una temporada que los percances ajenos le pusieron por delante cual caramelo envenenado: o lo aprovechaba o se le acababa hasta el argumento de la socialite, y lo aprovechó. Y como no hay una semana sin un disgusto, la sentencia en el juicio a quienes le desearon la muerte al niño Adrián aparece como un fantasma de indefensión para la gente de buena voluntad. No serán delito los improperios y la mierda que soltaron por sus tuits, eso dice el magistrado que los juzgó, pero posturas así merecen reprobación mayor que el calificativo “deleznables” y “repulsivas” con que les califica la sentencia. Como creo en la justicia y esta lo contempla, hay que recurrir. ¡Qué bestiajos los tipos! y encima dicen que solo fue un calentón.
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