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6TOROS6 : AL OTRO LADO DEL TELÓN

AL OTRO LADO DEL TELÓN


6Toros6
AL OTRO LADO DEL TELÓN
os recientes nombramientos, el de Miguel Abellán como Gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid (obviamente, sin responsabilidad en Plaza1) y el de Juan Bautista como nuevo empresario de Mont-de-Marsan, unido a su aún más reciente retirada de los ruedos tras su actuación en la Goyesca de Arles con la idea manifestada de dedicarse de lleno a las labores del empresariado taurino, traen a la actualidad uno de los varios caminos que eligen los toreros de todas las categorías para, una vez retirados, seguir dentro del mundo del toro. Dependiendo de hasta dónde hayan llegado en la profesión, unos se convierten en ganaderos (los más afortunados), otros en banderilleros (toreros sin suerte que quieren seguir en contacto directo con el animal), otros en apoderados (los que quieren seguir viviendo los sinsabores de la profesión, pero sin ponerse delante del toro), otros en profesores de escuela taurina (los que tienen vocación didáctica, paciencia y conocimientos sobrados del toreo) y otros, seguramente entre otras posibilidades, en periodistas taurinos (los que no tuvieron condiciones, o no suficientes, para ser toreros y gustan de la información). Y también están, naturalmente, los primeros que he nombrado: los que se convierten en empresarios taurinos, que son los que encierran el mayor misterio personal en este proceso de guardar el traje de luces y pasar a ocuparse de aspectos organizativos de la Fiesta. Y son un enigma porque, al menos en teoría, deben vivir un radical cambio de mentalidad: pasan de pedir toros a que se los pidan a ellos; pasan de reclamar mayores salarios para ellos a intentar ajustar al máximo lo que pagan a los toreros; pasan (según los casos) de soñar con mandar en el toreo a compartir el mando con sus nuevos compañeros en los despachos; en fin, pasan de contemplar la vida desde un lado de la Fiesta a estar al otro lado de la mesa. Citamos a Juan Bautista porque este torero y empresario francés está de actualidad, aunque no es necesario explicar que no es el primero ni el único, ni desde luego que será el último. El primero del que tengo noticia es el zaragozano Nicanor DVilla “Villita”, que pasó de torear con Guerrita al relativo olvido en los primeros años del siglo XX (dicen las crónicas que por un “decaimiento de las facultades y del valor”), y de ahí a contratar a Gallito y Belmonte como empresario (o representante) de la plaza de toros de su ciudad natal. Desconozco si fue buen o mal empresario, si tuvo sensibilidad o todo lo contrario, pero eso ahora es lo menos importante; lo que cuenta es que, además de ser propietario de una ganadería de pequeñas dimensiones, decidió ejercer el “mando” del toreo (eso sí, limitado al coso de la Misericordia) desde el otro lado de la Fiesta, el de los despachos. Corriendo los años, después de Villita llegaron otros muchos: Jumillano, Pedrés, Victoriano Valencia, Diego Puerta, Antonio Ordóñez, José Luis Pablo Lozano, Pepe Luis Román, Carlos Corbacho, Pepe Luis Ramírez, José Luis Marca, Pepe Mirabeleño, Luis Alviz, Carlos Zúñiga (padre), Manolo Lozano, Clemente Luguillano, Andrés Hernando, Rafael Roca… es probable que todos ellos conocieran desde su nueva posición lo que en una ocasión me confesó un torero/empresario, en un intento muy acertado de definición de su trabajo: dijo que había adquirido una distinta percepción del toreo, una visión global del negocio. Afirmaba que había descubierto facetas desconocidas porque estaba conociendo situaciones diferentes que, siendo torero, no llegaba a plantearse. La semana pasada dijo en esta revista Miguel Abellán, que no es empresario taurino, pero que ocupa un elevado cargo de gestión taurina: “Conocía el corazón del toreo, ahora voy a conocer sus entrañas”. Y también sus secretos, imagino. Hablando en términos de convenio colectivo, los toreros que se hacen empresarios abandonan la parte social del sector para pasar a ingresar en la empresarial, lo que supone un cambio muy significativo, y que de esa misma manera muy pocas veces se da en otros sectores. yQuizá lo más parecido son los entrenadores de fútbol, que pasan de esperar a que les saquen al campo a ser ellos los que eligen qué jugadores son los que juegan. En los toreros es lo mismo: pasan de estar centrados en su exclusivo punto de vista (el que tienen los que se visten de luces, aunque está claro que es diferente si van de oro o de plata, si son figuras o no lo son, si están en las ferias o esperan estarlo, si son veteranos o jóvenes) a conocer otros puntos de vista del negocio taurino, muchas veces contrarios y hasta contrapuestos del que tenían como toreros. Después de los toreros/empresarios nombrados llegaron otros muchos, algunos retirados (o fallecidos) y otros en activo: Simón Casas, Luc Jalabert, Luis Álvarez, Enrique Patón, Roberto Espinosa, Enrique Martín Arranz, Justo Benítez, Manolo Martín, Sebastián Rodríguez, Luis Manuel Lozano, Rui Bento, Ortega Cano, Bernard Marsella, Rivera Ordóñez, Carmelo García, Antonio Caba, Pedro Chicote, Roberto Piles, Fermín Vioque, Manuel Caballero, María Sara, César Jiménez, Julio Norte, José Ignacio Ramos, Mariano Jiménez, Ignacio Ríos, Manolo Amador (hijo), El Javi… y quizá otros muchos que seguramente olvido. Entre todos los nombrados hubo y hay empresarios buenísimos, y los hay y hubo pésimos, lo que viene a demostrar que ni siquiera un muy profundo conocimiento del toreo (desde el punto de vista del torero) es suficiente para ser buen gestor. Ni tampoco buen apoderado, buen ganadero, buen maestro, buen banderillero y ni mucho menos buen periodista taurino. Los toreros que se transforman en empresarios no son ni mejores ni peores que los empresarios que nunca se han puesto delante ni siquiera de una becerra. Lo que cuenta, creo yo, son la imaginación y las ganas de trabajar. No sólo cuenta el conocimiento previo; cuenta la sensibilidad. Y para demostrarlo ahí van dos o tres ejemplos: varios de los más grandes empresarios taurinos de la historia no fueron toreros (Manolo Chopera y su padre, Pedro Balañá Espinós y su hijo, Eduardo Pagés…), aunque sí lo han sido algunos de los más destacados del siglo XX: José Luis Lozano, Simón Casas, Luc Jalabert… y deseamos que también su hijo Juan Bautista, que se ha diferenciado de casi todos los empresariostoreros en que, lo mismo que Antonio Ordóñez y César Jiménez, compaginó ambas labores.
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